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SEGUNDO SEMESTRE 2026 NÚMERO 42 |
ISSN: 1659-2069 |
Algunas reflexiones sobre las tendencias al autoritarismo en América
Latina: casos de Nicaragua y Costa Rica
Dylana Garro Calderón*
Carlos González Carballo**
https://doi.org/10.35242/RDE_2026_42_8
Resumen: El ensayo compara el autoritarismo en Nicaragua con la emergencia de
tendencias de autoritarismo populista en Costa Rica en los últimos años. A
partir de este análisis, se examinan las causas y dinámicas de su expansión en
la región, así como su impacto en la legitimidad democrática y los desafíos que
plantean al sistema internacional.
Palabras clave: Ideología políticas / Autoritarismo / Populismo /
Debilitamiento de la democracia / Legitimidad política / Nicaragua / Costa
Rica.
Abstract: The
essay compares authoritarianism in Nicaragua with the emergence of populist
authoritarianism trends in Costa Rica in recent years. Based on this analysis,
the causes and dynamics of its expansion in the region are examined, as well as
its impact on democratic legitimacy and the challenges it poses to the international system.
Key Words: Political ideology / Authoritarianism / Populism / Weakening of democracy / Political legitimacy / Nicaragua / Costa Rica.
1.
Introducción
Para realizar esta comparación, se analizarán
tres variables fundamentales: 1) la erosión de los contrapesos institucionales,
entendida como el ataque y desmantelamiento de los órganos de control y
fiscalización; 2) la instrumentalización del discurso político, enfocado en la
polarización y la deslegitimación de la disidencia y 3) la relación con el
sistema internacional, donde se analiza cómo ambos casos apelan a la
soberanía estatal en la relación con los estándares de derechos humanos y a evadir
la rendición de cuentas.
A partir de esta comparación, se busca
reflexionar sobre las causas y dinámicas que explican la expansión de
tendencias antidemocráticas en la región latinoamericana y sus implicaciones
para el sistema internacional contemporáneo.
2.
Autoritarismo
y sus causas
Para analizar el
fenómeno del
A diferencia de los regímenes
autoritarios de carácter militar que predominaron en la región
Estamos observando la emergencia de una nueva ola de
autoritarismo que avanza de manera sostenida sobre países con democracias consolidadas, articulándose,
especialmente, a través de figuras con liderazgos populistas y de carácter
personalista que bajo discursos confrontativos apelan a la “voluntad popular”, erosionan los
contrapesos democráticos y restringen progresivamente el pluralismo político en
sus países. Esta nueva
ola de autoritarismo y la consecuente regresión y rechazo a la democracia
en Latinoamérica no surgen
de la nada.
Podemos agrupar sus
causas en tres dimensiones:
-
En primer lugar, tenemos factores
estructurales como la persistente desigualdad social y económica, la debilidad
institucional, la corrupción, la violencia, así como la ineficaz representación
de las estructuras políticas tradicionales que han fallado en la canalización y
resolución de las demandas y necesidades ciudadanas.
Esto ha culminado en un descontento generalizado hacia la democracia, además de una mayor
polarización en la región latinoamericana, lo que, como hemos visto en
numerosos países, ha impulsado la aparición de figuras y liderazgos
personalistas que, bajo discursos populistas que apelan a las emociones,
canalizan la frustración en conjunto con el descontento popular para crear
promesas con soluciones rápidas y simples a problemáticas complejas que calan
en la población.
-
En segundo lugar, la progresiva
concentración excesiva de poder en la figura de la presidencia de la república,
producto de reformas legales, y el debilitamiento de los contrapesos, también
ha facilitado la instauración de gobiernos con tintes autoritarios en distintos
países, lo que facilita dinámicas de regresión democrática y prácticas
autoritarias desde los gobiernos.
-
En tercer lugar, es importante también
analizar la política exterior de Estados Unidos como un catalizador de la
reciente ola de autoritarismo populista en la región. La fuerte retórica
nacionalista y xenófoba hacia las personas migrantes, sumada a las políticas de
'mano dura' que caracterizaron la primera y ahora segunda administración de
Donald Trump, ha permeado fuertemente el discurso político latinoamericano. La
influencia de este modelo también explica el notable incremento, en los últimos años, en los discursos contrarios a
Es evidente observar que hay un claro patrón de
esta nueva ola autoritaria: el ejercicio del populismo ha servido como
instrumento discursivo central, ya que ha legitimado las transformaciones
abruptas que están experimentando los sistemas democráticos latinoamericanos. Estamos, por lo tanto, ante
una creciente deriva autocrática a nivel latinoamericano y su ola expansionista constituye uno
de los principales riesgos y desafíos para la estabilidad democrática
regional.
3.
Panorama político de Nicaragua y
Costa Rica
Aunque Costa Rica y Nicaragua son dos países que presentan panoramas
políticos muy distintos y contextos históricos divergentes, se examinarán
bajo variables comunes, tales como la erosión institucional y el uso de un
discurso populista como mecanismo
polarizador que forma parte de las estrategias utilizadas por los liderazgos
políticos para debilitar las instituciones y tratar de controlar el poder.
La trayectoria
política de Nicaragua ha estado marcada por un ciclo histórico de dictaduras e
intervenciones militares, y por el uso recurrente
Los años de constante represión alcanzaron uno de sus puntos más críticos con
el estallido sociopolítico del 2018 que, según Monte y Gómez (2020), dejó más de 325
personas fallecidas, más de 2000
personas heridas y más de 600 presos políticos, además de miles de nicaragüenses exiliados en busca de
refugio en países vecinos y una crisis de derechos humanos que perdura hasta
hoy. Esto ejemplifica la consolidación de un régimen autoritario que utiliza la
fuerza y la represión de forma sistemática para la concentración del poder
político y económico y que criminaliza y deslegitima a la oposición y a
cualquier forma de disidencia que atente contra su poder.
Si bien Costa Rica presenta una realidad histórica distante de este modelo
represivo y dictatorial, los acontecimientos en los últimos años evidencian que
no es inmune a esta ola autoritaria latinoamericana. El
país ha mostrado señales de deterioro democrático y se ha alineado con la tendencia internacional hacia el
descontento y el agotamiento democrático, producto de la llegada y ascenso de liderazgos de corte populista que tienden a concentrar
poder y debilitar contrapesos, lo que rompe con
la imagen tradicional internacional de estabilidad y compromiso democrático.
El ascenso de liderazgos populistas a la presidencia de Costa Rica, como el
de Rodrigo Cháves, en 2022, lejos de ser un hecho aislado debe entenderse como
un síntoma de la frustración y el desencanto por parte de la población con las
estructuras políticas tradicionales y el orden democrático, similar al descontento que precedió
a las crisis en otros países de la región que amenazan la cohesión y el tejido social, las cuales crearon un caldo
de cultivo que permitió el ascenso de figuras autoritarias.
En Costa Rica se
observan ahora estilos de gobernanza más confrontativos y una comunicación
política más agresiva que se caracteriza
por el uso del lenguaje popular y un discurso que apela a las emociones y a la
voluntad del pueblo para justificar sus acciones. Esta dinámica ha generado la erosión
del espacio para el debate político, el diálogo y la negociación, y lo ha
sustituido por la polarización y la confrontación de actores políticos y la sociedad
civil.
Como consecuencia, Costa Rica está enfrentando el riesgo
de un progresivo debilitamiento de su democracia, y el triunfo electoral del
partido oficialista en 2024 podría generar interrogantes sobre la fortaleza de
los contrapesos democráticos y el Estado de derecho. Mientras Nicaragua representa
la consolidación de una autocracia tradicional basada en la coerción y el uso
de la fuerza, Costa Rica experimenta un proceso incipiente de regresión
democrática donde el autoritarismo se manifiesta a través de la erosión de las
instituciones desde adentro. Ambos casos, aunque diferenciados por su nivel de
violencia y trayectoria histórica, convergen en la utilización de la
polarización social como herramienta para concentrar el poder político y desmantelar
las estructuras de rendición de cuentas que sostienen la estabilidad
democrática.
4.
Relativización
de los valores democráticos
El caso de Nicaragua, un país que vive bajo un régimen autoritario con prácticas represivas, resulta ilustrativo en este sentido. En 2023, el Gobierno de Daniel Ortega ordenó el cierre y confiscación de los bienes y cuentas de la Universidad Centroamericana, una de las principales instituciones académicas del país, a la que acusó de funcionar como un “centro de terrorismo" que organizó “grupos delincuentes” durante la serie de protestas sociales que sacudieron a Nicaragua en 2018 y que dejaron como resultado una grave crisis política en el país. Esta acción se suma a los constantes ataques y persecución a las organizaciones religiosas en el país (Lacombe, 2021).
Esta medida
evidencia un claro patrón de los gobiernos autoritarios: la persecución
sistemática contra espacios críticos, a grupos opositores y a cualquier otra
modalidad de control, lo que ven como una amenaza y un obstáculo político
cuando cuestionan el poder. Este fenómeno evidencia una preocupante
relativización y olvido de los valores democráticos a nivel regional en favor de un
modelo más autoritario y represivo.
En Costa Rica se ha visto una influencia del
autoritarismo que, aunque es en menor medida que en Nicaragua, resulta igual de
peligrosa. Esta ha estado marcada por cuestionamientos
En los últimos
meses,
Esto resulta preocupante, ya que los señalamientos
promovidos por figuras de alto poder, cuando apelan más a la emotividad que a
una fundamentación sólida, pueden debilitar la confianza en la democracia.
Además, pueden afectar la legitimidad percibida de los procesos nacionales e
internacionales que respaldan la validez de las elecciones y contribuir a un
ambiente de desconfianza en la población. En ese sentido, resulta especialmente
importante que las autoridades mantengan un compromiso con la veracidad y la
responsabilidad discursiva, pues de lo contrario se genera un clima de
incertidumbre que dificulta identificar en qué fuentes institucionales confiar.
5.
Impacto en los organismos internacionales
y el derecho internacional público
El autoritarismo no es un
fenómeno confinado a las fronteras nacionales, sino que genera un impacto
directo en el funcionamiento del derecho internacional público y en la eficacia
de los organismos multilaterales. Los Estados autócratas y populistas tienden a
instrumentalizar las herramientas del derecho internacional para defender
agendas particulares, y sobredimensionan el principio de soberanía estatal no
para proteger a la población, sino para impedir la fiscalización externa y
evadir la rendición de cuentas. Como advierte Ginsburg (2020), la comunidad
internacional vive un punto de quiebre donde los estándares jurídicos corren el
riesgo de ser reformulados, debilitados o ignorados para proteger los intereses
de gobernantes autócratas.
El régimen de Nicaragua ejemplifica este comportamiento
mediante un desacato sistemático del sistema interamericano de derechos humanos,
evidenciado en sus reiteradas denuncias a la competencia y las resoluciones de
la Corte Interamericana de Derechos Humnos. Al calificar las sentencias
internacionales de injerencia extranjera y utilizar la legislación interna como
una barrera infranqueable ante el escrutinio global, el Gobierno nicaragüense
busca blindar su andamiaje represivo interno frente a cualquier consecuencia
legal externa (Redacción, 2021). Por su parte, aunque en una dimensión
institucional distinta, Costa Rica refleja síntomas de este alineamiento
discursivo de ruptura multilateral a través de la reciente declaración de la
presidenta electa, Laura Fernández, de desvincular al país del
Al instrumentalizar
narrativas nacionalistas que presentan a las agendas globales de desarrollo y
derechos humanos como amenazas directas a la soberanía, el populismo
gubernamental costarricense valida la premisa de que los compromisos
internacionales son prescindibles cuando interfieren con las narrativas
ideológicas domésticas. Esta coincidencia discursiva entre el desacato
explícito nicaragüense y la resistencia soberanista costarricense alimenta la
apatía y la frustración ciudadana hacia la efectividad de los mecanismos
multilaterales, los cuales, debido a limitaciones estructurales propias como el
6.
Conclusión
Podemos notar que algunos países de la región
latinoamericana pasan por un proceso de debilitamiento democrático en donde tendencias
autoritarias o populistas ganan terreno como respuesta a la frustración de la
población y su descontento con los gobiernos y las estructuras políticas
tradicionales. Sin embargo, se debe hacer la diferenciación de que ya no
hablamos de un autoritarismo tradicional con uso de violencia marcada como es el caso de Nicaragua, sino un
autoritarismo populista que poco a poco busca la manera de deslegitimar el
orden, los valores democráticos y la normativa jurídica establecida.
Existe una distinción
entre el régimen nicaragüense y las tendencias actuales en Costa Rica, ya que mientras
en Nicaragua se representa una autocracia tradicional consolidada donde la
supresión de la oposición es absoluta y coercitiva, en Costa Rica se observan
señales de una deriva populista con potenciales efectos sobre la calidad democrática,
que opera mediante la deslegitimación de los contrapesos institucionales y la
constante polarización de la sociedad.
El riesgo deriva en
que el populismo autocrático busca el mismo fin que el modelo dictatorial: la
concentración del poder sin responsabilidad política. La diferencia radica en
que mientras el régimen
tradicional anula la
democracia por la fuerza, la variante populista intenta instrumentalizar para
desmantelar, desde adentro, los controles judiciales y legislativos que impiden
el ejercicio de un poder absoluto, sin consecuencias legales.
Este
riesgo no es solo interno, sino que afecta también a la comunidad internacional
y al orden jurídico internacional, ya que la deslegitimación en conjunto con
los ataques no es solo para las instituciones nacionales; las instituciones
internacionales también se ven juzgadas y su trabajo se pone en duda con la
desvalorización de las tradiciones y la normativa jurídica internacional, lo
que pone en peligro los avances en derechos humanos y conquistas sociales. Por eso,
ahora la sociedad civil tiene una enorme responsabilidad de proteger y promover
la democracia, de abrir mesas de diálogo y de exigir rendición de cuentas a las personas en el poder,
ya
Referencias
Lacombe, D. (2021).
Martínez, A.
(2026).
Redacción. (2021).
* Costarricense, internacionalista, correo garrodylana206@gmail.com. Bachiller en Relaciones Internacionales, estudiante de la Maestría en Derecho Internacional en Derechos Humanos y estudiante de la Licenciatura en Relaciones Internacionales con énfasis en Gestión de la Cooperación Internacional. Asistente de proyectos, Universidad para la Paz.
** Costarricense, internacionalista, correo cagc.2003@gmail.com. Bachiller en Relaciones Internacionales y estudiante de la Licenciatura en Relaciones Internacionales con énfasis en Gestión de la Cooperación Internacional. Pasante en el Instituto de Formación y Estudios en Democracia (IFED).